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viernes, 30 de diciembre de 2011

Saber dónde está el iPad robado no garantiza recuperarlo

Y es que nos han enseñado, desde muy pequeños, que todos los cuentos siempre tienen un final feliz pero, ¿qué pasa cuando no es así? Fácil. Sentimientos como inquietud, frustración y desespero afloran, haciendo que se nos revuelva el estomago y tengamos esa sensación constante de malestar. Así es como se debió de sentir Jonh Doe  - nombre omitido a petición de la victima -, de 41 años, hoy protagonista de nuestra historia.

Es vox populi que herramientas de seguimiento y detección de dispositivos robados como Find My iPhone, Prey o Hidden tienen un alto éxito a la hora de recuperar y devolver a sus propietarios los equipos robados. El hecho de contar con alguna de estas herramientas en nuestras computadoras portátiles, terminales iPhone o iPad, nos proporciona un alto grado de garantía de recuperación en caso de robo o pérdida de los mismos.

Aun así, toda precaución es poca y nunca es bueno confiarse. La reciente noticia emitida desde el periódico Folha de Sao Paulo (Brasil) nos demuestra como los mencionados sentimientos de frustración acabaron haciendo mella sobre Jonh Doe, profesor brasileño que hizo todo lo imposible para recuperar su iPad, aunque sin éxito alguno.

Desde el citado periódico, podéis visualizar la imagen correspondiente al sufrimiento que tuvo que soportar nuestro querido Jonh Doe, con desplazamientos continuos del material sustraído, que no tiene desperdicio, aunque pasamos a resumirla en las siguientes líneas.

Figura 1: El calvario del iPad

El citado personaje fue atracado a punta de pistola el domingo 11 de diciembre de 2011 a eso de las 21.15 horas al volver a casa desde el aeropuerto de Sao Paulo en taxi, quitándole el iPad, el reloj, dinero en efectivo, la computadora portátil y una mochila.

Como es de suponer, inmediatamente se puso en contacto con la policía local, los cuales hicieron una ronda por el barrio en cuestión para intentar, sin éxito, localizar al ladrón. 

Una vez que Jonh Doe se encontró en casa, con el correspondiente malestar, se acordó que había instalado en el iPad el software Find my Phone, por lo que, una vez iniciado sesión en el citado software, detectó que su iPad se encontraba ya en un barrio diferente al que le habían atracado.

Acto seguido, y como es lógico, volvió a ponerse en contacto con la policía, para denunciar el suceso, solamente para escuchar como el departamento de policía le indicaba que no podía hacer nada porque se encontraba fuera de su jurisdicción.

Cuando Jonh Doe se puso en contacto con la policía correspondiente al nuevo barrio donde se encontraba su iPad, volvió a suceder el mismo problema. Su iPad ya había cambiado de ubicación y se encontraba a millas de distancia, en otra localidad.

Sin llegar a desesperar, volvió a ponerse en contacto, por tercera vez, con la policía jurisdiccional correspondiente a la nueva ubicación, esta vez sin perder de vista la geo-localización del dispositivo, aunque cada vez, como es lógico, con un mayor sentimiento de impotencia, porque según nos cuenta, cada llamada a la policía era desesperante:
- “Las orientaciones proporcionadas por el interlocutor de la policía eran contradictorias, cada paso a dar era más absurdo que el anterior por lo que me sentí desamparado”
Al final, cerca de la 1 de la madrugada, el dispositivo dejó de desplazarse, ubicándose en un inmueble de la ciudad de Sao Bernardo do Campo, en las afueras de Sao Paulo.

Jonh Doe se desplazó al citado inmueble dos veces, una primera con un policía local, el lunes por la mañana y una segunda con sus amigos por la tarde, pero en ninguna de las ocasiones tuvo éxito en la recuperación del material sustraído, porque no contaba con la orden judicial correspondiente para registrar el domicilio.

Una vez Jonh Doe interpuso la denuncia formalmente en la citada localidad, se detuvo al sospechoso, que fue brevemente retenido, para ser liberado a las pocas horas por falta de pruebas - no se presentaron testigos, y las imágenes de televisión de circuito cerrado recabadas del lugar donde se produjo el robo llegaron tarde -. Por este motivo, al no disponer de pruebas convincentes para que un juez emitiera un orden judicial de registro, se liberó al supuesto ladrón hasta la fecha del juicio.

El final de la historia ya os la podéis imaginar, Jonh Doe se quedó sin todo lo sustraído en espera de un juicio donde no se sabe si se podrá condenar al ladrón, ya que suponemos que tendrá tiempo de sobra para deshacerse del material robado.

Jonh Doe, por otro lado comentó que esperará a comprar otra iPad en el siguiente viaje a un país extranjero - imaginamos que debido a que el precio de un iPad en Brasil es de 867 dólares USA -. Triste final de esta historia.

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